Después de un inmenso e ininterrumpido periodo de abstinencia en cuanto a publicaciones se refiere he vuelto para comentarles algunas cosas que se me vengan a la mente en este momento. Para empezar, frente a mí está un amigo, y yo estoy escribiendo mientras leo en voz alta lo que escribo, cual pluma mágica, haciéndome sentir Rita Skeeter.
Hoy inicia la Feria del Libro en la Universidad de Guanajuato, y yo pensaba ir con mi amigo a ver libros (y gastarme toda la tarjeta en ellos), pero cuando llegamos estaban apenas poniendo los libros (y mi amigo alega que ni eso, que apenas estaban bajando las cajas...). Así que me frustré y grité: ¡Creo nunca he visto a los mexicanos ser puntuales! Claro, estaba siendo exagerado (muy muy exagerado), pero estaba frustrado.
¿Qué tiene que ver esto con los cómics, mangas e historietas animadas que nos llenan de pasión día tras día? Nada. Pero intentemos sacar algo a partir de ello.
Por ejemplo, está la siempre clásica impuntualidad de los jóvenes principales de algunos mangas: Por ejemplo, Naruto es impuntual. Obito era impuntual y Kakashi siempre llega tarde a propósito. Ahora que lo único que deseamos es que el cómic de Naruto sea impuntual y no llegue semana con semana, ¿qué más queda por decir?
Quizá podríamos apelar a que existiera una caricatura cuya temática principal sea la impuntualidad. Por supuesto, esto suena inverosímil y posiblemente esté destinado al fracaso. Sin embargo, como ya he mencionado en los axiomas anteriormente, para toda temática hay un buen manga que la desarrolle de manera apropiada y emocionante. Así que basado en este axioma (que claramente no puede ser falso) desarrollemos para el emocionado público lector una historia.
Debemos preguntarnos una infinidad de cosas (ok, no, sólo una cantidad finita de cosas) para poder desarrollar unas historia. Por supuesto, yo sólo puedo basarme en mi manera de afrontar las cosas (o bien, estudiar acerca de la manera de desarrollar caricaturas otros dibujantes.) ¿Qué cosas me pregunto?
- Mi amigo sugiere: ¿Cuál es el objeto del significado?
- ¿Será una historia larga o será corta? ¿Será quizá un one-shot?
- ¿Cómo desarrollaré a los personajes? ¿A los antagonistas?
- ¿Qué persiguen los personajes y los enemigos?
- ¿Dónde sucede la historia? ¿Porque esta historia está bien fundamentada (o al menos creíble)?
La verdad es que es difícil contestar todas estas preguntas. Pero intentémoslo ahora:
¿Como desarrollaré a los personajes? En general, mi manera de desarrollar personajes se basa en dos técnicas (que creo yo son muy usuales). Una de ellas es basarme en personas de la vida real que yo conozco. Así, en una de mis caricaturas (llamada Epsilon-Delta) varios de los personajes están basados en mis amigos (o conocidos), y en diversas ocasiones intento que se parezcan a ellos en actitud (o al menos, que reacciones cercanamente a lo que yo creo sería una reacción apropiada). Por supuesto, generalmente esto sale terrible pero aún así es suficiente para dar una distinción entre los diversos personajes y que no todos parezcan iguales. La otra técnica, por el contrario, es intentar no basarme en nadie y elegir rasgos que mee gustan y unirlos a priori, como si fueran axiomas de una teoría y empezar a deducir propiedades del personaje.
Basándonos en la primera técnica nuestro personaje principal será un joven (que obviamente está basado en mi amigo de enfrente, y quien espero no me golpee(y el advierte que considere que tiene líquidos calientes a la mano) al describir el personaje. Será un personaje impuntual claramente (cosa no tan falsa) a la que deberemos inventarle una meta, una razón de ser, un objetivo alrededor del cual gire la historia (ya sea one shot o cómic largo). Por supuesto, ¿qué meta puede tener alguien impuntual? Podría ser muchas cosas.
Un proceso fundamental por el que deberemos pasar es justificar la razón de que sea impuntual, especialmente si esa es el tópico que se quiere explorar. ¿Un trauma de la infancia? ¿Una promesa que desea cumplir? ¿Un rasgo que odia pero no logra quitarse? ¡¿Una maldición de una feroz bruja?! ¡Algo más dramático! ¡¡Es la manera de escapar de un grupo de enemigos que le persiguen!! Nunca lo encuentran, pues nunca llega a tiempo a donde ellos creen que estará. Este último hasta te grita como debería desarrollarse la historia un poco:
En la primera saga introduciríamos a algunos personajes. Obviamente al personaje impuntual, así como a algunos enemigos y amigos. El objetivo sería mostrar el porque es impuntual, el porque lo persiguen. Al mismo tiempo, al final de la serie se mostraría el que va a ser como "EL" enemigo. Aquél que sabrá como enfrentarlo. Será el enemigo paciente. Casi nos imaginamos el diálogo con el que acabará la saga.
-Enemigo A: ¿Cómo es posible que se escape una y otra vez?
-Enemigo B: ¡Nunca aparece! Jamas está allí, esperamos un poco, a veces más a veces menos pero jamás se aparece. Sin embargo, sabemos que eventualmente llega. Sólo que ninguno de nosotros está presente cuando lo hace.
-Enemigo C: Habrá que decirle a él.
-Enemigo A: ¿A quién?
-Enemigo B: Tú no le conoces, no viene desde hace mucho tiempo. Solía ser el líder de nuestro clan, le decimos Isthar, el paciente. Dicen que espero sentado viendo el cielo cambiar una y otra vez hasta que todos sus enemigos se rindieron de aburrimiento.
Enemigo A: Eso suena a un mito...
Enemigo C: Quizá sea falso, pero de él no se escapará.
Y obviamente esta plática debería mejorarse, pero nos da una idea de quién será el personaje antagonista principal. Será Isthar, el paciente. El primer capítulo de la segunda temporada debería tratarse de cuando se encuentran por primera vez. Por supuesto, nuestro personaje principal debería encontrarse profundamente sorprendido. ¿Pelean? ¿Intenta escapar? ¿Qué sucede? Posiblemente la segunda saga es el conflicto entre estos dos: ¿El impuntual afrontará a su adversario? ¿El paciente se impacienta? ¿Sobre qué pelean? ¿Ya se conocían antes? Conforme se desarrolla esta temática quizá nos vamos dando cuenta que hay cosas que es relevante decir desde la primera saga @. @, así que tendremos que reorganizar varias cosas.
- Isthar: Yo nunca he tenido ninguna prisa. Tampoco ninguna intención en atacar a nadie. Lideré aquel clan porque solía tener objetivos puros, que valían la pena. Con el tiempo eso se corrompió. ¿Porqué les ayudo a perseguirte? Porque tu representas algo que considero no ayudará a que nuestro reino prosperé.
- Personaje principal: ¿Y aniquilarás a todos aquellos que sean como yo?
- Isthar: No. Sólo a ti, porque a diferencia del resto tú tienes mucha influencia. Tú eres una amenaza, el resto sólo una pena.
¿Porqué soy impuntual? La pregunta es pobre, pierde demasiada esencia del verdadero problema. En mi juventud, hace ya bastante tiempo, solía ser metódico, creía fervientemente que el progreso estaba cimentado en el método y que sólo aquellas cosas que se tradujeran en provecho material son aquellas que deben apoyarse. Por supuesto, yo no apoyaba las artes o la ciencias abstractas. ¿Qué manera de progresar podría venir con ellas? ¿Cómo es que estos seres, dedicados a la autocontemplación y al trabajo cuestionable, podrían aportar a la sociedad? Yo era pobre de mente.
Como tu bien sabes, hace dos décadas hubo una gran marcha. En ella, esto jóvenes a quienes yo criticaba por decidir dedicar su vida a las cosas que yo consideraba de utilidad cero, protestaban. ¿Qué protestaban esos jóvenes? ¿Mejor calidad de vida? ¿Un mejor trato? ¿Una mejor educación? ¿Una postura nueva del gobierno? ¿Qué protestaban esos jóvenes? Escondido como un espía me asomé en lo que nosotros llamábamos sus cuarteles, era unas casas de campaña donde se dedicaban a dibujar grandes murales, escribían en el piso y en las paredes de los edificios. Mucha poesía es lo que encontré grabada en las piedras de las iglesias. Algunas parejas se amaban y expresaban su amor libremente por las calles, otros se acercaban a hablar con los demás y cuestionaban la bandera negra que ondeaba de encima de todos los edificios del gobierno. ¿Qué querían esos jóvenes? No supe entender, pero esos murales gigantes en el piso me miraban y trataban de comunicarme algo, la poesía escrita con letras de colores que escurrían por las paredes y cubrían las rocas de las iglesias me cautivaban, al tiempo que destruían algo dentro de mí que no alcanzaba a entender.
Cuando salí de su campamento caminé hasta nuestros cuarteles, verdaderas fortalezas diseñadas para la guerra. Trataríamos a esos jóvenes, los hijos de nuestra generación como enemigos, y pronto acabaríamos con esa rebelión inentendible. Me senté a observar por la ventana, vi como empezaba una intensa lluvia. Vi salir a los soldados, las camionetas, los tanques, los perros, los helicópteros..Todo se dirigía al centro de nuestra ciudad. Todo sería exterminado y podríamos seguir en el camino correcto, cuando ellos dejaran de estorbar. Algo me molestaba profundamente, me tenía inquieto.
Caminé por la oficina y entonces noté un cuadro de nuestro líder. Estaba pintado con oleo y colgado sobre la pared. Lo vi profundamente y traté de descifrar qué quería comunicarme aquel cuadro, pero no había nada. Aún así, cuando vi aquel mural inmenso que pintaron los chicos me sentí contrariado, mareado, pisoteado y asustado. Me sentí indefenso por completo. Cuando los soldados regresaron, los helicópteros se postraron en sus lugares y las pistolas dejaron de sonar, decidí caminar por el cuartel del enemigo, aquellas casas de campañas.
Encontré escenas de muerte y desesperación. Jóvenes muertos por doquier, a medio morir, y otros que lloraban en desgracia a los que se habían ido. Como en todos los enfrentamientos en los que había estado, no sentí nada. Cuando llegué a la plaza principal vi la poesía oculta detrás de la sangre que escurría de todos lados, las letras de colores ahora se ocultaban debajo de una capa de sangre roja. Entonces vi el mural, manchado de sangre, ocultó y deformado. Como si aquel mural hubiera cobrado relieve, se conformaba ahora de ríos de sangre y cuerpos hacinados sin vida. Nunca volvería a ver aquel mural, ahora descompuesto y sentí desdicha profunda. Me senté en una banca derrotado y vi que cerca de mí estaba un chico que moriría pronto.
Le pregunté porqué habían sacrificado su vida. Yo no alcanzaba a entender. Recuerdo que con las pocas fuerzas que le quedaban se rió y escupió sangré a la par. Luego, muy apenas me preguntó: ¿El mural te impresionó? ¿No quisieras más murales? Después falleció. Impresionado por su estoicismo ante la muerte y pasmado por sus últimas preguntas, regrese caminando hasta nuestro cuartel. ¡Toda una victoria! me dijeron al entrar. Contundente, decía yo. Me senté en mi oficina y con unos lápices intenté dibujar. Un asco, mis cuadros no transmitían nada, eran cuadrados, grises y apáticos. No había nada en ellos, era como aquel cuadro del líder. Durante semanas intenté dibujar algo que transmitiera algo, lo que sea, pero mi cuadratura se refocilaba ante mis fracasos.
Finalmente, al cabo de dos o tres años renuncié tras pronunciar mi protesta ante nuestra propia actitud de aquellos días. Ni siquiera yo entendía qué había sucedido. No vale la pena vivir un mundo sin murales, fue lo último que dije.
Ahora llego tarde, he llegado siempre tarde a muchas cosas. Siempre dentro del tic-tac del tiempo, las manecillas del reloj me recuerdan el tiempo que le robamos a esos jóvenes. El paso del minutero me repite que privamos al mundo de una generación entera, e intento llegar tarde porque así, quizá intento escaparme de las cuadraturas que yo mismo impuse. Siempre llego tarde porque tengo mucho mucho tiempo, todo lo que he robado tiempo es.
Por supuesto, Isthar rompe la carta.
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